Dagger Through the Bible

Argentine Armenian intellectual Dr. Juan R. S. Yelanguezian delivered an impassionate speech in Spanish at the 4th Congress of Western Armenians on 28th March 2015. The below text is followed by edited excerpts in English.

Hemos padecido hasta hoy el genocidio más atroz del siglo XX. Estamos todavía condenados por los sucesos que vivieron nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y nuestros padres.

Somos según la Biblia, y así lo demuestran los últimos documentos y descubrimientos arqueológicos, uno de los pueblos y civilizaciones más arcaicos. La tierra de Ararat, el lugar donde habitaban los dioses y después el lugar de Dios según la Biblia. No se puede negar esta realidad comprobada científicamente a Armenia como uno de los habitáculos más antiguos del planeta Tierra, sino el más antiguo. Los armenios jamás abandonaron su suelo ancestral, sus posesiones terrenales, hasta el último hálito  del Reino Armenio de Cilicia, en el Imperio Bizantino, con la participación de numerosas  dinastías de emperadores armenios, personalidades de gobierno y ciudadanos  del Imperio Otomano. Los armenios fueron masacrados con un terrorismo de estado que aún hoy sorprende por la intencionalidad sádica de los hechos en su propio suelo originario, en sus casas patriarcales, instituciones, monumentos históricos e iglesias arrancadas ferozmente de sus legítimos dueños.

Argentine Armenian intellectual Dr. Juan R. S. Yelanguezian delivered an impassionate speech in Spanish at the 4th Congress of Western Armenians on 28th March 2015. The below text is followed by edited excerpts in English.

Hemos padecido hasta hoy el genocidio más atroz del siglo XX. Estamos todavía condenados por los sucesos que vivieron nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y nuestros padres.

Somos según la Biblia, y así lo demuestran los últimos documentos y descubrimientos arqueológicos, uno de los pueblos y civilizaciones más arcaicos. La tierra de Ararat, el lugar donde habitaban los dioses y después el lugar de Dios según la Biblia. No se puede negar esta realidad comprobada científicamente a Armenia como uno de los habitáculos más antiguos del planeta Tierra, sino el más antiguo. Los armenios jamás abandonaron su suelo ancestral, sus posesiones terrenales, hasta el último hálito  del Reino Armenio de Cilicia, en el Imperio Bizantino, con la participación de numerosas  dinastías de emperadores armenios, personalidades de gobierno y ciudadanos  del Imperio Otomano. Los armenios fueron masacrados con un terrorismo de estado que aún hoy sorprende por la intencionalidad sádica de los hechos en su propio suelo originario, en sus casas patriarcales, instituciones, monumentos históricos e iglesias arrancadas ferozmente de sus legítimos dueños.

El mensaje ancestral que ofrecemos es el de la supervivencia de un pueblo sagrado, pacífico y venerado en todos los tiempos. Este mismo mensaje es el que queremos transmitir a las nuevas generaciones, a todos los que conocen nuestro origen y mucho más a los que lo desconocen. ¿Qué lugar sería el mundo si negáramos, como se espera, la vida del que nos hizo y la vida del que hizo al que nos hizo,  dejar trunca la rueda inmortal armenia, la rueda inmortal de la vida misma? Filosóficamente creo que los cambios sólo se producen con la evolución, en primer lugar de nosotros mismos, después de pueblo, de pueblo originario. Soy pacifista, es claro, pero por ello no dejaré de alzar mi voz tan alta como sea posible y el que quiera oír que oiga y el que quiera escucharla que la escuche. El dolor del pueblo armenio es como la voz de aquél que clama en el desierto.

Nuestro holocausto dejó en nuestras almas una hilada tristeza, una culpa irremediable por todos nuestros muertos, que no pudimos salvar, asesinatos que no pudimos detener, una cierta impotencia que nos hace suponer culpables por el dolor de no haber podido salvar a nuestros antepasados.

He vivido y lo sé por toda mi generación, la que sobrevivió a los mártires del genocidio con un mandato: cuidar, proteger y alimentar nuestra cultura.

Soy un emergente, desciendo de una familia que salvó su vida de un atroz genocidio perpetrado contra los armenios por el gobierno otomano turco. Siranush Arudjian Kasparian decía refiriéndose a su patria ancestral, Adaná en comparación con Buenos Aires. “Allá es triste, acá hay vida” hablando un español de extranjeros. Negar el genocidio para los que los que lo sufrieron fue de alguna manera recuperar fuerzas para iniciar una nueva vida y seguir adelante, pero sin que lo advirtamos esa negación se refleja en nuestro carácter, en un gesto, una actitud, una profunda melancolía inserta en nuestras almas. Sólo podremos hacer nuestro duelo cuando se haga justicia, así lo expresé en el acto conmemorativo del genocidio armenio en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en 2005, cuando recité un poema de mi autoría titulado “Huérfanos de Armenia” que escribí en 1985, que recomiendo leer y que la misma Legislatura declaró de Interés Cultural. Quizás al finalizar este congreso, lo recitaré.

En la evolución está contenida la revolución, los cambios se producen de manera natural e inevitablemente los resultados que se pretenden drásticos tienen una resolución pacífica evolucionada.

Exterminar un pueblo es arrancar y apagar la vida desde sus raíces, es transformar una planicie fértil en árida y en territorios que dejan de germinar porque perdieron el espíritu de sus legítimos amos. Pero las almas de los muertos permanecen allí esperando justicia, emergentes de la oscuridad a la que se les ha condenado para su eterno descanso, como si todo un mundo se derrumbara. Porque en la melancolía de los armenios está inserta también la culpa turca que se manifiesta de una u otra manera.

Hay una exaltación de estas almas. Las almas de un millón y medio de personas nos están acompañando, por ello siento el calor de su dolor, impotencia y furia. Ellas me otorgan la valentía de gritar mi reclamo. Soportaron los atropellos y el sable del Sultán Hamid. Las falsas promesas y la traición de los Jóvenes Turcos, promesas que se convirtieron en sangre. Desde Cilicia, fundamentalmente en la terrible masacre de Adaná, mientras el mundo presenciaba indiferente. Masacre que se llevó a Hagop Arudjian, mi bisabuelo, narrado por su hija, mi abuela Siranush, que fue muerto en manos de los turcos otomanos con una daga que le atravesó los Evangelios sobre su corazón. Evangelios que guardaba junto al latido de su vida. Evangelios que guardaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta sobre el corazón. Siendo además el orador de su iglesia, como un gran símbolo el honorable Hagop, cristiano  poseedor de tierras fue masacrado defendiendo su fe y sus bienes.

Una daga que traspasa los Evangelios y el corazón… Una herida mortal  a través de las Sagradas Escrituras teñidas en sangre del  corazón de un armenio, sangre que inunda e impregna la tierra,  y cae en el surco que el mismo cavó, en su propia tierra, es un verdadero símbolo del genocidio perpetrado  contra el pueblo armenio por el gobierno otomano.

Dagger Through the Bible

We, Armenians, arguably suffered the worst genocide of the 20th century. And long after the genocide, the survivors and their descendants were condemned by the consequences of the hideous occurrences inflicted upon our great great-grandparents and our parents.

We are, according to the Bible and recently revealed documents and archaeological findings, one of the most ancient peoples and civilizations. The land of Ararat, the site where the gods lived and later on where did [DIKRAN, I DON"T GET THE SECOND PART OF SENTENCE.]God according to the Bible. This proved Armenia to be one of the oldest human habitats, if not the very oldest, since Armenians never abandoned their ancestral land and defended it to the last breath.

The Armenians were massacred through state terrorism that, to this day, surprises due to its highly sadist intention. It occurred on their own soil, within their patriarchal houses, institutions, historical monuments, and churches.

The ancestral message we offer is that the survival of a people is sacred. This is the same message we wish to transmit to the new generations and to all those who are aware of our origin and even more so to those who are unaware of it. What place would the world have,[I DON"T GET THIS, DIKRAN.] if we were to deny, as is hoped, the life of He who fashioned us and the very life created by Him, thus  truncating the Armenian immortal wheel, the immortal wheel of life? Philosophically-speaking, I believe change is produced only by evolution in ourselves, following that the peoples, from the original people. [I Don't Get This, Dikran.] I am a pacifist, but despite that I will raise my voice as high as is possible. The pain of the Armenian people is like the voice of he who clamors in the desert.

The holocaust imposed on us left in our hearts a trail sadness, an irremediable guilt caused by our dead, whom we were unable to save, assassinations we were unable to stop. A certain impotence leads us to blame ourselves for the pain of not having been able to save our ancestors.

I have felt this pain and know it to be shared by my generation and those who survived. It fills us with an inner obligation, to protect, feed and to expand our culture.

I am an “emergent”, I descend from a family whose life was spared during the genocide perpetrated against Armenians by the Turkish Ottoman Empire. My mother, Siranush Arudjian Kasparian, used to say in reference to her ancestral soil, Adaná, when comparing it to Buenos Aires:  “There sadness is; here is life” using broken Spanish to express her grief. The denial of the genocide to those who suffered was in some measure a way to regroup forces to initiate a new life and move forward. But, without our realization, it reflects upon our character, in gesture, attitude, a profound melancholy emblazoned in our souls. We will only be able to bear our mourning when justice is done. I expressed it this manner at the ceremony in remembrance of the genocide at the legislature of Buenos Aires in 2005 when I recited my poem “Orphans of Armenia”, which the legislature declared of "Cultural Interest".

 In evolution, revolution is contained: changes occur in natural fashion and inevitably results which are considered drastic have a peaceable evolutionary resolution. To exterminate a people is to tear life apart by its roots, to transform a fertile plain into arid soil, and to areas which no longer germinate because they miss the spirit of their legitimate owners. The souls of the dead remain there, however, waiting for justice to emerge out of the darkness to which they have been condemned as their eternal resting place. Because within the melancholy of the Armenians lies the Turkish guilt which manifests itself one way or another.

There is an emerging of these souls. Souls of a million-and-a-half are accompanying us, because of which I feel the heat of their pain, their impotence, their fury. It is they who give me the courage to shout my claim. They bore the saber of  Sultan Abdul Hamid.  The false promises and the treason of the Young Turks; the promises that turned to blood. During the massacre of  Adaná in Cilicia the world looked on indifferently.  A massacre which took Hagop Arudjian, my great-grandfather. He was slain by  a dagger that pierced the Bible over his heart. He was a preacher. As the grand symbol, honorable Hagop, owner of lands, was killed defending his faith and his property.

A dagger went through the Gospels and the heart. A mortal wound among the Holy Scriptures stained with blood of the heart of an Armenian who fell into the furrows he had been forced to dig, on land that belonged to him, is a symbol of the genocide of the Armenians by the Ottoman Government.

 

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